Tuesday, November 28, 2006

Today ó_ò

Hoy no puedo ver tu cara. Sólo puedo imaginar tus gestos, interperetar tu silencio y lo que dejan escapar tus letras. No puedo escucharte, sin embargo sé como entenderte, como si fueras parte de mí. Quizá eso es lo que importa, lo demás podría ser vanidad o reglas sociales. Es sólo que te siento lejos, no es que lo estés, al menos no para mí pero así lo siento, quizá sólo lo siento y no es así. Da igual, realmente no importa tanto. Hoy no puedo sentir tus manos, mucho menos tu mirada y la realidad es que de todo esto sencillamente no sé nada.

Te extraño.

Monday, November 13, 2006

Time is running out

Tick, tack, tick, tack, tick, tack...

Game over

Friday, November 03, 2006

De pronto, me encontró una persona... (Más allá del horizonte).

Deténgase, mi nombre es... mucho gusto, yo soy Davel Cienfuegos. Davel, nombre extraño el tuyo; bastante frío, dígame qué lo trae por aquí. Vengo de paso, vengo de aquel valle. Para ser sincero he caminado mucho y me siento algo cansado. ¿Cansado? aquí todos llegan cansados; si es que se puede decir que llegan, parece que tu sí llegaste, no como yo, ni como otros visitantes. ¿A qué se refiere? A nada; acompáñeme, lo llevaré a mi vieja casa, ahí podrá ponerse cómodo. Empezamos a caminar hasta entrar a una casa, nada podía distinguirse, todo estaba muy oscuro. Gracias, disculpe y cómo se llama este lugar. Esta es mi casa. No, me refiero al lugar donde me encontró. ¿No sabes? ¿Entonces crees que llegaste por accidente? Sólo iba caminando. No, eso no puede ser posible, aquí nadie llega por accidente. ¿Qué lugar es este? Es el pasaje de los muertos. ¿El pasaje de los muertos? Sí, aquí todos estamos muertos, aquí vienen a pasear todos los que han muerto, es un lugar independiente del cielo o el infierno. Tu debes haber venido por algo, sólo que quizás no lo sepas. No importa, en los años que llevo trabajando aquí a veces pasa esto. Los que vienen, vienen a pedir consejo de los que se fueron. ¿Consejo de los muertos? Sí, sólo tienes que llamarles, ellos ya saben que estás aquí, es fácil notar a los vivos. Anda, entra, en esta habitación podrás estar "tranquilo" duerme un poco, aquí las cosas se dan solas. Dando pasos hacia atrás y sin dejar de verme el... abandonó la vieja casa y me dejó solo con el aliento frío. Por la ventana sólo se veía un árbol macabro y marchito; de alguna manera me resultó hermoso, a lo lejos, había una hermosa estrella, parecía estar justo junto a el.

Después sentí como las sombras me abrazaban y supé en ese instante que estabas aquí. Sólo que no podía pronunciar tu nombre, fue como si lo hubiera olvidado, me dijo: Davel no te preocupes, si no puedes decir mi nombre es porque estoy descansando, hay cosas que tienes que dejar y otras que no debes olvidar. Si veniste a este lugar es para descansar, para descansar con los que dormimos por siempre. No significa que morirás pronto, eso no lo sabemos o al menos no me corresponde decirlo. ¿Sabemos? Es decir, que no veniste solo. No, aquí estamos todos los que necesitan decirte algo, los que siempre te acompañamos, los que tu recuerdas. Justo iba a decir algo cuando sentí su mano en la frente, sentí como levantaban mis piernas y sentí como me dejaban recostado. Me quedé dormido. Esa noche; si es que era una noche, soñé con todos los que han partido, pude charlar con ellos, pude abrazarlos y llorarles, pude decirles que los amo, que los extraño y fue ahí cuando desperté.

Estaba sentado en una cama muy bella, la vieja casa de verdad tenía muchos lujos, sólo que en la penumbra no se veía nada, no recuerdo haber subido escaleras, ni haber cruzado tantos pasillos y salas, finalmente salí. Pude ver el pasaje de los muertos, estaba lleno de flores y mariposas blancas, el camino estaba marcado con pasos y el viento soplaba en dirección a una cueva. Miré el cielo y aunque era de día podía ver la luna, fue cuando recordé mi sueño. Solté a llorar; todo fue muy claro y por cierto, muy irónico. Las sonrisas de los muertos me habían dado vida, energía y nuevos anhelos, fue como recordar mi infancia. Cuando pensé la palabra infancia mis rodillas se doblaron y volví a llorar. El último de los muertos que me visitó era yo cuando era un niño. Jamás debo olvidar esta noche...