Escuché un ruído y abrí los ojos. Por la ventana de mi habitación se filtraba la luz de la luna llena, nuevamente escuché algo miré a mi derecha, no había nada, traté de dormir. Volví a escuchar algo, era un ruido extraño, como una cosa que se arrastraba, un crujido o algo similar. Decidí ignorarlo y volver a dormitar, me acomodé y con los ojos entre cerrados la vi. Era una tarántula enorme tanto como una almohada, negra y peluda, con multiples ojos verdes. Retrocedí tratando de cubrirme con las cobijas. Comenzó a hablar. No tengas miedo, vengo en nombre de la paz, yo soy un ser muy viejo, tan viejo que no tiene sentido decir mi edad. Vine hasta aquí con un solo propósito y es el de revelarte algo sin igual. Yo sé porque lo he vivido, los secretos que los hombres buscan sin descansar, el secreto de la vida, de la muerte y el amor; el secreto del sentido de la razón, la razón de la locura y la pasión, puedo decirte el fúturo, relatarte toda la historia del universo, todo lo que los hombres han soñado y más... Algo tuvo ese tono en su ronca voz que me hizo calmar, me senté, después de un par de palabras y con una confianza inusitada le dije que necesitaba un cigarrillo para concer tales revelaciones. Me dijo que esperaría. Salí de mi cuarto, bajé corriendo las escaleras, fui directo a buscar mis cigarrillos. Los tomé y volví a mi habitación. Para mi sorpresa estaba la luz encendida. Encontré a mi madré con una escoba en las manos y la tarántula despedazada en una esquina. ¡Mira lo que maté en tu cuarto! Por eso te digo que debes ser más ordenado con tus cosas. Quién sabe cómo es que creció tanto ese animal. Después de unos minutos de regaños mi mamá regreso a dormir. Me quedé pensando en todo lo que se había perdido, en todo lo que había pasado, tantos misterios, tantos secretos y una gigantesca tarántula mágica de entrañas verdes muerta en la esquina de mi recamara. Ella lo sabía todo, ella...Desperté. Vaya si estás noches me dan para contar cosas raras.

