Se sabe que fueron hordas de asesinos. Comenzaron los disparos, los gritos y la confusión. La gente corría y depronto sentí como arrancaban tu mano de la mia. Giré mi cabeza para buscarte pero todo comenzo a cubrirse con neblina. No podía ver casi nada, entonces los gritos comenzaron a hacerse lejanos. Aun podía ver la silueta de la iglesia y algunos edificios; sin embargo, no entendía lo que pasaba. Grité tu nombre, jamás respondiste. Me percaté que apesar de la nieblina no hacía frío, tampoco calor, todo era silencio. Fue cuando supe que estaba muerto y poco a poco vi como iban surgiendo personas entre la niebla, todos lucián confundidos, otros aterrados, me dolía ver como iba apareciendo la gente pero me alegraba el no verte.
Estabamos caminando en la plaza, ya ibamos de salida y fue cuando una luz dio un tono distinto al cielo. Depronto sentí como arrancaban tu mano de la mía, me contaron que me bañé con tus lagrimas esa tarde, que lograste escapar esa noche y sé que conmigo se quedaron tus ideales mas prometo conservarlos como se conserva mi esperanza, en este lugar por el que no transcurre el tiempo. Donde todos seguimos descansando, donde seguimos luchando porque todos somos compañeros, somos parte de los mismos ideales de la misma muerte y del mismo sueño.