Súbitamente la música fue cortando el aire y el humo. Penetró a través de la gente, de nuestras almas, del mal olor y la noche, creando una atmósfera de insana perturbación, de mágica emoción, de sucia intuición.
Por un instante no hubo distancia entre nosotros.
Únicamente nuestras manos de testigo, tu cabello y de fondo, marcando el paso, el acelerado latir de un solo corazón.
Ya no importaba la lluvia, tampoco importaba el mundo y por unos minutos fuiste todo lo que admite mi intolerante y amarga razón.
Por un instante no hubo distancia entre nosotros.
Únicamente nuestras manos de testigo, tu cabello y de fondo, marcando el paso, el acelerado latir de un solo corazón.
Ya no importaba la lluvia, tampoco importaba el mundo y por unos minutos fuiste todo lo que admite mi intolerante y amarga razón.
Finalmente llego el pasado y sin preguntar, devoró todo al rededor, incluyendo aquel
susurro que jamás llegó a nuestros oídos.
