Tuesday, October 13, 2009

El río

Tibia es la soledad cuando te marchas, ligeros los sonidos que me rodean, ligeros como ilusiones que tan sólo vuelan y distantes como hoy la primavera. Cálida es la mirada que te regalo, regalo que se va siguiendo tus pasos en una noche rosa, en una noche negra. Trémula es la respiración que llena mi pecho, suspiro que alienta alas que no vuelan, alimento de pulmones destrozados y tímidas siluetas. Fulminantes son tus palabras, palabras que no matan pero laceran, que hierven y queman como el acero incandescente que me ciega. Tiernas pretenden ser las letras que escribo, tiernas como las mañanas serenas, como el rio que con lágrimas se lava, como tristes sinfonías que tal vez leas.

Wednesday, April 22, 2009

Tango


Toca, toca y sigue tocando mientras todo se obscurece, mientras la noche es más larga y la penumbra más negra. Toca y sigue bailando con las pobres luces rojas que dibujan tu silueta. Toca, baila y grita, que la musica te robe el alma, toca muere y vive, toca llora y sueña. Grita toca y baila, dime para qué sirve la vida, para que sirve la muerte y si hemos de quedarnos aquí mirando que todo tenga sentido.



Pintura: Tango, por Daniel Jácome

Monday, March 16, 2009

Anacronía XI

Vengo de lejos, cabalgué por mucho tiempo sin dormir, hoy sólo quiero descansar. ¿Llegaste a la puerta de las luces? Sí y una de ellas me trajo hasta aquí. Lo supuse, pues bien, no importa, siempre es bueno tenerte de vuelta, aunque no sea por tu agrado. Siempre serás bienvenido. Gracias, lo sé, siempre lo tengo en cuenta. Venga, basta de charla y pasa a descansar.

Sí, por fin, es hora de soñar.

Sunday, January 25, 2009

La vieja posada

Entonces volví a mi patria, pocos recordaban mi nombre, pocos recordaban mi cara. Entré a la vieja posada, me senté en el rincón cercano a la ventana y como siempre fumé un cigarrillo y bebí un par de tragos. Ya no importaba, pocos recordaban mi nombre y aun menos recordaban mi cara. Casi me puse borracho cuando vi a Soledad, esa vieja prostituta que siempre me daba sus dotes sin cobrar una moneda. Al verme me sonrió y subió las escaleras hacia los cuartos, era hora de acostarme con ella.

Soledad ya estaba en el segundo piso cuando decidí largarme de la posada. En el fondo no tenía ganas de acostarme con ella, esta vez preferí estar completamente solo.