Sunday, January 25, 2009

La vieja posada

Entonces volví a mi patria, pocos recordaban mi nombre, pocos recordaban mi cara. Entré a la vieja posada, me senté en el rincón cercano a la ventana y como siempre fumé un cigarrillo y bebí un par de tragos. Ya no importaba, pocos recordaban mi nombre y aun menos recordaban mi cara. Casi me puse borracho cuando vi a Soledad, esa vieja prostituta que siempre me daba sus dotes sin cobrar una moneda. Al verme me sonrió y subió las escaleras hacia los cuartos, era hora de acostarme con ella.

Soledad ya estaba en el segundo piso cuando decidí largarme de la posada. En el fondo no tenía ganas de acostarme con ella, esta vez preferí estar completamente solo.

2 comments:

Anonymous said...

me sigue encantando como escribes
mucho sin saber de ti
espero estés muy bien
saludos.

Morfeo said...

Waw, que bien escribes.

La vieja posada. Me encanta.