Sunday, October 26, 2008

Elluna


Esta noche entra por mi ventana un precioso claro de luna. Me recuerda a noches pasadas, noches muy solas y muy bien acompañadas. Noches de sueños e ilusiones, noches de austeros silencios.

Me quedo sentado en mi cama, recargado en la cabecera de madera que no elegí y que adorna mi cuarto. Me quedo mirando esa ventana de arco, observando como se filtra este claro de luna. Es una preciosa compañía. Mientras recuerdo, siento como si cada día fuera eterno y la mezcla de esas eternidades me diera el goce de estar aquí sentado, lejos de todo y de todos, acompañado de mi amada soledad que jamás me abandona.

Sonrío. Noches como estás son mi refugio, mi morada, el lugar donde siento pertenecer, entre la sombra de una noche estrellada junto a un claro de luna, como la luna que me vio nacer, como la luna que me acompaña y que siempre me sonrie cuando la vuelvo a ver, luna de mis noches tristes, luna de mi alegría desenfrenada, luna de mi amor y mi esperanza, luna que jamás dejará de brillar.

Al cabo de un rato, cuando me quedo abrazado de esta sombra, el claro de luna se acerca poco a poco, con un tímido arrebato de ternura me acerco a ella yo también, vuelvo a sonreir. Es esa delgada línea de cariño a la soledad, esa que te permite estar sin nada, esa que te acoge y cuida. Finalmente, después de no sé ya cuanto tiempo me recuesto, el claro de luna se recuesta junto a mi, nos abrazamos y nos entregamos al sueño.

Friday, October 10, 2008

Al diablo (al cielo)


Es la 1 am. Aún tengo que manejar por lo menos treinta minutos antes de llegar a casa. Es una noche preciosa, se ve muy linda la luna y las calles están parcialmente vacías, cosa que permite en buena medida, descubrir la ya muy oculta eficiencia de las avenidas mexicanas. Puedo recorrer todo Conscripto en menos de cinco minutos, con los vidrios abajo, sintiendo el aire frío de una noche adornada de luces urbanas y pocas estrellas.

A distancia s
e escucha la sirena de una ambulancia o una patrulla, hay algo de tráfico en el periférico. Cuando me incorporo al bloque de autos puedo ver las caras cansadas, otras ya más bien resignadas a este legado de una ciudad sobre poblada, llena de desesperación y suciedad. Subo el volumen del radio, prefiero no pensar. Prefiero ignorar esta clase de situaciones, ya ni siquiera tiene caso molestarse.

Vuelvo la mirada al cielo, trato de encontrar estrellas y sonrío al recodar tu cara. Sin darme cuenta (por estar pensando en ti) me encuentro libre del tapón provocado por el auto que se volcó en el carril central (ojalá esa gente esté bien) acelero para tratar de alejarme de esa zona. Bajo todas las ventan
as, abro el quema cocos, subo el volumen del radio y trato de abrazar ese instante de noche, música y soledad (si lo han vivido, saben a que me refiero). Entonces transcurren treinta minutos y me encuentro ya llegando a mi casa. Abro la puerta del carro, le digo a mis pensamientos que bajen, le digo a mi alma que baje y me doy cuenta que olvide mi corazón en tu casa.
hmmm...
=)