Es una fría y nublada mañana de abril. Salgo de casa y como de costumbre, aún es de noche; sin embargo, hoy no se ven las estrellas. Voy manejando a la escuela, los faros del carro apenas pueden con la neblina que pareciera ser un oleaje espeso y blanco, ciertamente macabro y acogedor. Acelero, bajo las ventanas, luego acelero aún más. Siento el gélido viento en el rostro, lo respiro, se siente la libertad de la veloz brisa y entonces todo se detiene.
La vida como todas las cosas termina, sólo para volver a comenzar, la muerte como todas las cosas comienza, sólo para volver a terminar. No es cuestión de heroísmo, romanticismo ni magia. Es mucho, mucho más que eso. La cosa es que tal vez nunca podremos comprenderlo.
La vida como todas las cosas termina, sólo para volver a comenzar, la muerte como todas las cosas comienza, sólo para volver a terminar. No es cuestión de heroísmo, romanticismo ni magia. Es mucho, mucho más que eso. La cosa es que tal vez nunca podremos comprenderlo.

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